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Noticias de Río Negro y Neuquén

“Soja: lo único que nos faltaba”

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El legislador Claudio Lueiro se refirió al megaproyecto de inversión para sembrar alrededor de 200 mil hectáreas de soja, confirmado por el gobernador Miguel Saiz a través de un convenio con capitales chinos. Este proyecto implicaría una inversión aproximada de 100 millones de dólares y se instalaría en la zona del valle inferior del Río Negro.

Se ha demostrado que la soja es un cultivo con cierta plasticidad de adaptación ambiental, tanto a suelo como a clima. “En el caso de que los estudios agronómicos que deben hacerse, terminaran admitiendo la posibilidad exitosa del cultivo en el Valle Inferior del Río Negro, tendríamos que preguntarnos sobre las ventajas y desventajas de la implantación de cultivos de soja de tal magnitud”, señaló Lueiro.

Asimismo, el legislador indicó que no resulta aventurado aseverar que el proyecto emplearía variedades transgénicas ya que las mismas son resistentes a ciertos agroquímicos de uso extensivo en estos cultivos, específicamente el Glifosato. Se trata de un herbicida no selectivo de acción sistémica cuestionado mundialmente tanto por sus efectos sobre la vegetación circundante, sobre la fauna terrestre, aérea y acuática, sobre la microfauna y microflora del suelo como por la residualidad de su acción en el conjunto del ambiente. Lueiro fue terminante: “Soja transgénica es sinónimo de utilización de Glifosato”.

Bariloche fue la primera ciudad en el país en contar con una ordenanza sobre identificación de alimentos transgénicos. Su autor fue el mismo Lueiro con la colaboración del actual subsecretario de Medio Ambiente de Bariloche, Pablo De Brito. Sin embargo, el entonces intendente Alberto Icare suspendió la vigencia de la misma en el año 2005, derogándola al año siguiente.

“Las especies transgénicas tienen en sí mismas alteraciones genéticas que aún no han sido debidamente evaluadas, sobre todo en cuanto a las consecuencias sobre la salud humana y sobre el medio ambiente circundante en general” advirtió Lueiro. Y recordó: “Aún sin cultivo de soja transgénica, gran parte de la sociedad barilochense tomó postura frente al caso de la Península San Pedro, donde se utilizó en forma masiva este herbicida para `liberar´ de rosa mosqueta un predio de varias hectáreas destinado a la urbanización. Es un ejemplo típico en el que la disyuntiva entre la utilización o no de Glifosato (y de otros agroquímicos) se presenta como prioritaria al momento de pensar en el medio ambiente”.

“En cualquiera de los casos planteados, indicó el legislador, sea soja con glifosato en el Valle Inferior Rionegrino o glifosato sin soja en Península San Pedro, no sabemos a ciencia cierta cómo influirán estas aplicaciones en los niveles de contaminación de las napas, el grado de afectación sobre flora y fauna y las consecuencias directas sobre la salud de la población”.

El caso puntual de la prohibición del uso de glifosato en Península San Pedro por parte de De Brito -subsecretario de Medio Ambiente-, y la reciente presentación de un proyecto de Ordenanza de los concejales Daniel Pardo y Alfredo Martín, a fin de prohibir el uso de este tipo de agroquímicos en todo el ejido de Bariloche, van en una dirección que se contrapone al planteo hecho por el gobernador.

“Deberíamos ponernos de acuerdo si Bariloche se ubica a la vanguardia a pesar de que la provincia decida estar en la retaguardia, remarcó Lueiro, es decir, adherir o no a la progresiva intencionalidad de ciertos actores de impulsar un modelo de país agro-exportador sin valor agregado en sus productos primarios, favoreciendo negocios de gran envergadura que nada tienen que ver con las necesidades de sus pueblos”.

Según el Ministro de la Producción de Río Negro, Juan Accatino, los actuales cultivos de frutales que se realizan en el Valle del Río Negro llevan mucho más carga de agroquímicos que los que podría requerir un cultivo de soja. En este sentido, Lueiro argumentó: “Aún suponiendo que esto fuera rigurosamente cierto, aceptarlo sin cuestionamientos sería lo mismo que enunciar que nos quedamos con el mal menor cuando lo único que debiéramos aceptar en estas circunstancias es la ejecución de proyectos absolutamente desprovistos de riesgos para la salud del medio ambiente”.

¿Estamos exentos de un proceso de sojización y de avance sobre los bosques nativos andino patagónicos? La sojización del país no sólo tiene que ver con el cultivo de una especie vegetal sino con una conceptualización de en qué país queremos vivir. “China tendrá sus razones éticas o no para ampliar los cultivos de soja en Latinoamérica y África. Nosotros deberemos decidir el nivel de perjuicio que esto nos ocasionará y si estamos dispuestos a pagar el impagable precio que esto significa”, concluyó Lueiro.