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Noticias de Río Negro y Neuquén

Weretilneck: “Cipolletti encontró su lugar”

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La ciudad encontró su lugar en una metrópoli en la que conviven cerca de 800.000 habitantes. A 107 años del momento fundacional de la ciudad, que fue la puesta a la venta de los primeros lotes, Cipolletti se transformó en un punto de equilibrio dentro del Alto Valle rionegrino y la Confluencia, desde el que nada le es ajeno y todo queda cerca.

Tal vez tenga razón el intendente Alberto Weretilneck cuando dice que la ciudad tiene una nueva identidad, en ciernes, distinta de la que se hizo fuerte a finales de los 60, que terminará de forjarse en los próximos años.

Cipolletti se integra con Neuquén de manera asombrosa. Es obra de su gente más que de sus gobiernos. Del otro lado del río hay mercado para la industria cipoleña, y una oferta mercantil, laboral, social y cultural que se aprovecha. La ciudad que hoy cumple 107 años vive esa relación sin complejos.

Vivir en Cipolletti es estar cerca de todo, hacia afuera y hacia adentro, con tamaños y distancias más humanas. Por eso atrae estudiantes a su campus universitario, gente a sus manifestaciones artísticas y cada vez más clientes a los negocios del centro y miles de pasajeros a su Terminal, más cercano a muchos puntos de Neuquén que el gigante que tiene en el oeste.

Entre los cientos de desafíos hacia el futuro, el de la agricultura es el más complejo. La producción de peras y manzanas de Cipolletti perdió miles de hectáreas bajo riego, muchas se transformaron en barrios en un proceso que el municipio pudo frenar, por ahora.

Weretilneck consideró que “si volviéramos una década atrás, veríamos que estaba en crisis cuál era el rol de Cipolletti al lado de Neuquén y en el oeste de Río Negro. Y en ese momento se pagó muy caro, con la actividad comercial, industrial, con la fruticultura.

-¿Y qué lugar es ese que encontró Cipolletti?

-Haber logrado complementarse con un poder económico muy fuerte, que es Neuquén, pero aparte generar un liderazgo sano de lo que es el oeste de Río Negro. De Allen a Catriel, Cipolletti se ha transformado en el centro de esta región y ha logrado integrarse y complementarse con Neuquén. Si se ve el balance de la ciudad, a partir de un estudio como puede ser el del producto bruto geográfico, de la actividad económica; el polo universitario (hoy Ciencias de la Educación es la facultad con más alumnos de la Universidad Nacional del Comahue); si se suma la industria; fruticultura, el Estado y la medicina de alta complejidad, estamos en presencia de una ciudad con una fortaleza muy importante. Si a esto le damos el ordenamiento territorial que estamos teniendo, con todas las dificultades que esto genera, creo que hoy Cipolletti encontró su lugar. Creo que vienen muchos debates y muchos desafíos. El próximo intendente va a tener la necesidad de generar un plan estratégico, que tiene 10 años. Si bien la mayoría de las cosas que la ciudad consolidó son las que se plantearon en el plan estratégico, me da la impresión de que el próximo intendente va a tener que resolver un par de cuestiones puntuales: adecuar ese plan, poner en discusión nuevamente el uso de la tierra, los factores de crecimiento, y consolidar la presencia de la ciudad en la margen sur del río Negro.

-¿Por qué la ciudad encontró ese lugar? ¿Lo había perdido?

-Creo que lo había perdido. Muy pocas ciudades se fueron dando cuenta de lo que significó la concreción del Alto Valle como metrópoli: las ciudades que no lograron encontrar su punto en esta conformación grande que es una metrópoli de un millón de habitantes, tienen un futuro con mucho riesgo. Acuérdese de la crisis del comercio en Cipolletti de hace 12 o 13 años atrás, cuando todo el mundo decía que los comercios de la ciudad no tenían destino, que todo el que tenía que comprar se iba a Neuquén. Sin embargo, una década después es a la inversa. Se traspasaron las barreras localistas (en función de lo que estaba acostumbrada a ser la región): el empleo de una ciudad a otra, el estudio de una ciudad a otra, la salud de una ciudad a otra, el residir en una ciudad y trabajar en otra, son cuestiones normales, pero hace 15 años no lo era. Seguíamos con estos localismos. Creo que la conformación de esta gran metrópoli, a algunas ciudades las encontró mejor, a otras peor.

-¿Cómo hace una ciudad en esta escenario para generar identidad?

-Es muy difícil generar identidad por varios motivos. En primer lugar, por la alta migración. Hay que pensar que Cipolletti triplicó su población en los últimos 30 años. Con una migración tan fuerte, es muy difícil encontrar una identidad tal como la conocemos de hace 50 años atrás. Es un asunto que está en mutación. Nosotros venimos del Cipolletti del “Cipoletazo”, de esa identidad, con familias nacidas y criadas en la ciudad, con un espíritu más?

-¿Conservador?

-Sí, localista, más frutícola. Pasamos a un escenario con distintas variantes. La migración trae un cambio de identidad, los valores empiezan a jugar de otras manera, la historia se empieza a juzgar de otra manera y esto es lo que Cipolletti está discutiendo hoy. Otras ciudades mantuvieron la identidad porque no tuvieron un proceso migratorio tan fuerte y su crecimiento demográfico fue vegetativo. A Cipolletti le va a costar definir una identidad.

-¿Cuál es el principal beneficio de la integración con Neuquén?

-Nuestros empresarios industriales, que colocan en ese mercado el 50 ó 60% de su producción. Y por otro lado, la gente que vive aquí y trabaja en Neuquén.

-¿No la hace muy vulnerable a Cipolletti depender de variables que no maneja?

-Por eso, tenemos que tener nuestro propio modelo de crecimiento. Si tenemos 3.000 hectáreas de tierra abandonada, si tenemos una colisión permanente entre lo urbano y lo rural, si tenemos que la fruticultura incide sólo en el 5% del producto bruto geográfico, Cipolletti tiene que sí o sí definir un modelo productivo que no abandone la fruticultura pero que la complemente.

-¿Quién lo tiene que liderar eso?

-Lo tiene que liderar el Estado con la sociedad. Yo creo que tiene que dejar la pera y la manzana. Nosotros estamos trabajando en algo que lo vamos a dejar preparado: tenemos que ir a trabajar en un esquema de uso de la tierra para la agricultura, la fruta fina, pastura porque no podemos resignarnos a que desaparezcan los productores, que se urbanicen las chacras porque nos vamos a quedar sin riqueza.

-Fruta fina, pastura, ¿en qué está pensando?

-Tenemos un parcelamiento chico, de siete u ocho hectáreas, lo que nos hace desventajosos respecto a otros. En Roca, Regina, Cervantes, el Valle Medio, las parcelas, como son de un modelo más antiguo, son más grandes. Cinco Saltos, Cordero y Cipolletti, como fue un modelo de los ingleses, tiene parcelas más chicas. Siete hectáreas hoy en una fruticultura no tiene sentido. ¿Cómo hacemos de eso que tiene riego, que tiene caminos, que tiene energía eléctrica para generar una actividad económica?

Hay que trabajar sobre pasturas, alfalfa; fruta fina: frutilla, frambuesa, grosellas; trabajar sobre nogales, algunas cosas son más rápidas que otras. Tenemos que demostrar que la tierra en producción genera riqueza; lo que vemos con la fruticultura es que genera empobrecimiento.

-¿Está frenado el avance de la ciudad sobre las chacras?

-A nosotros nos costó mucho, en lo político y en lo personal.

-¿Porque la gente quiere lotear la chacra?

-Primero porque se generó una gran demanda (ahora lo que se ve a un amesetamiento). Y hay una falta de rentabilidad del sector frutícola. Hoy la ciudad tiene acotado ese crecimiento. Fernández Oro hoy está tomando toda la demanda que Cipolletti no toma. Si piensa que una hectárea en producción puede costar como mucho 17.000 dólares y que un terreno está en 40.000 ó 50.000, ¿para qué se va a pelear con las heladas, con el empleo?

Y encima si ese productor tiene 60 años, no se le deja opciones.

El otro tema que hay que tener en cuenta es que el crecimiento de Cipolletti no es sólo con capitales de Cipolletti; estoy convencido de que no hay tanta riqueza en la ciudad como para producir las urbanizaciones que se produjeron. Evidentemente, la inversión traspasa los límites de la ciudad y ya es una inversión regional.

-¿Viene de Neuquén?

-Sí, sí, claro. Cuando generamos el plan estratégico, surgen las ordenanzas de uso del suelo, los códigos de edificación, pero después hay un hecho que no ha sido analizado en su profundidad, que es la Carta Orgánica, la única que tiene la prohibición de excepciones: ninguna ordenanza de carácter particular puede vulnerar una de carácter general. En los futuros ordenamientos que tenga Cipolletti se va a tener que considerar esto porque a veces cuando se deja al gobierno tan prisionero de las normas, hay consecuencias. Me parece bien porque se ahorraron problemas, se evitaron manejos extraños con loteos, habilitaciones comerciales?

El sur y el norte

-¿Está mejor Cipolletti hoy que hace 10 años?

-Sí.

-¿En qué lo ve?

-En el nivel de empleo, en el funcionamiento de la ciudad, en la consolidación de sus instituciones.

-Son cuestiones más económicas y políticas que sociales.

-Las sociedades sumamente injustas son sociedades que después tienen serios problemas. Cipolletti tiene desigualdades, pero es una desigualdad que no está marcada en un enfrentamiento entre vecinos. Hay sectores muy altos y, lamentablemente, sectores bajos, pero no colisionan en la vida cotidiana de la ciudad. No hay una cuestión ideológica de ricos contra pobres o de sur contra norte.

-¿Hay un sur rico y un norte pobre?

-Sí, no un norte pobre-pobre, pero sí menos rico. Pero eso no se ve en un enfrentamiento, como ocurre en otros lugares. Es la identidad que se va generando, el compartir el espacio…

-¿No puede ser una bomba de tiempo?

-Hacia adelante es un desafío. Fíjense que todos los planes sociales son proyectos nuestros que si el próximo gobierno los mantiene va a dar resultados, tiene seis o siete años.

-¿Cuánta gente vive en Cipolletti?

-Entre 110.000 y 120.000 personas.

-¿Cómo lo mide?

-Por la cantidad de medidores de electricidad. Da un esquema de ciudad completamente distinto a lo que es una ciudad de 80.000 habitantes. Las que pasan los 100.000 habitantes son ciudades con otra lógica y otra complejidad. La gente se alarma de algunas cosas que nos pasan pero tenemos que darnos cuenta de que somos 120.000 y hay cuestiones naturales que nos van a pasar por eso, como la cantidad de accidentes de tránsito, el nivel de incendios, el delito.

Las cuentas pendientes

-¿Cuáles son las cosas que no va a poder hacer?

-¿Las cuentas pendientes? El pavimento. En la ciudad, tenemos (más allá de las tomas) 100% de agua, 98% de gas, 100% de alumbrado público, 85% de cordón cuneta y 85% de cloacas. No logré hacerlo, pero para mí la municipalidad tiene que tener su propia planta de asfalto y sistemáticamente, por administración municipal, ir haciendo asfalto. En obra pública, hay dos cosas que hacer: la consolidación del “distrito vecinal noroeste” y el asfalto. Al próximo intendente no le queda otra cosa que hacer. Vamos a llegar a 60 espacios verdes.

-¿Va a terminar el complejo cultural?

-No creo, pero no importa, no me trauma, las grandes obras de Argentina tardan 15 ó 20 años, y no hay que pensar que todas las obras se terminan en la gestión de uno. Lo importante es que va a ser una de las grandes obras de la historia de Cipolletti.

-¿Por qué nunca se buscó financiamiento para hacerlo?

-Fue un error mío. Siempre pensé que lo íbamos a poder terminar. Y ahora ya es tarde, no lo voy a salir a buscar ahora.

-¿Cómo será la ciudad en los próximos diez años?, ¿llegó a un punto de equilibrio?

-Tendría que quedarse acá. Y prestar mucha atención y trabajar mucho con todo lo que sea juventud. Es el gran tema del futuro, junto con la margen sur, para consolidar el crecimiento, y el nuevo perfil productivo.

-¿Cree que los privados, los comerciantes, han acompañado este crecimiento?

-Todos acompañaron, pero también siento a veces que no se valora desde la actividad privada el esfuerzo permanente de la municipalidad. Es como si las cosas pasaran en Cipolletti porque pasan y hay mucha gente que trabaja para eso.

MARTÍN BELVIS

MARIA LUJAN VENIER

Para Diario Rio Negro